El Otro Enfoque

home

columna

El Otro Enfoque

La maldición de maldecir

2017-02-27

Pablo Rodríguez Regordosa

La maldición de maldecir

Pasada la elección del 2010, cuando por primera vez los poblanos nos decidimos por un gobernador emanado de un partido distinto del PRI, inició un largo proceso de transición, que resultó pleno de experiencias y aprendizajes. Me había tomado unas vacaciones a los pocos días del proceso electoral, pero regresando recibí la invitación para colaborar en el gobierno del estado.

Después de platicar ampliamente y de que le expusiera mis opiniones y las ideas que tenía, el gobernador electo, Rafael Moreno Valle, me pidió asumir la responsabilidad de la Secretaría de Desarrollo Económico y me pidió que trabajara para fusionarla con la Secretaría del Trabajo.

Empezamos con un trabajo arduo de estudio, análisis del Estado, planeación y propuesta de plan de trabajo, pero a la par se inició un complejo proceso de búsqueda de entendimiento al interior del partido.

La planeación del gobierno fue un trabajo muy intenso, de largas jornadas, de enorme intensidad y mayor exigencia. El primer reto fue la integración de las propuestas de colaboradores, luego la compresión de los motores de la economía estatal y más adelante la interacción con las expectativas de los actores de la sociedad y del dinero.

La búsqueda de entendimiento al interior del partido fue un proceso mucho más complejo, que muy pronto se vio contaminado por las expectativas del futuro y planes no expuestos por algunos actores. Las juntas eran largas y tediosas, se dedicaba mucho más tiempo a expresar opiniones y versiones que muchas veces distaban de la realidad, pero que estaban alineadas a proyectos políticos no revelados. El presidente municipal electo llegó incluso a sostener que “hubiera sido mejor no hacer trato con Rafael, hubiéramos ganado el Municipio de Puebla, aunque perdiéramos el Estado”.

Pero la coincidencia en ambos trabajos era lo fácil y común que resultó escuchar a unos actores hablar mal de otros actores, casi siempre sin sustento. Al entrevistarnos con un empresario, dedicaba más tiempo a hablar mal de otros empresarios, que de sus propuestas para que la economía poblana caminara a mayor velocidad.

En las reuniones políticas, había quienes dedicaban más tiempo a despotricar contra otros políticos, que a planear los siguientes pasos para consolidar una clase política que asegurara un futuro próspero para el Estado.

Las acusaciones corrían en todos los sentidos y ahí descubrí que la maledicencia había encontrado en la sociedad poblana un caldo de cultivo para desarrollarse. Sería muy difícil construir en una sociedad con tan pobres lazos profundos entre los individuos.

En Puebla sufríamos, y lamentablemente creo que seguimos sufriendo, la maldición de maldecir unos de otros.

¿Qué sociedad, qué nación, qué civilización ha podido avanzar cuando sus integrantes están cundidos del veneno de la discordia alimentada por la maledicencia? Ninguna.

Nuestro estado tiene enormes riquezas y hay grandes oportunidades, pero éstas no podrán ser materializadas mientras dediquemos tanto tiempo a lastimarnos mutuamente. Como lo dijeran los consultores empresariales: cuando una organización consume más energía en el acuerdo interno que en el lanzamiento y promoción de sus productos o propuestas, con el tiempo tiende a implosionar.

Entonces aprendí dos cosas: que el futuro puede ser un motor de entendimiento y que para evitar la maledicencia se tiene que predicar con el ejemplo. Si alguien tiene algo malo qué decir, mejor que tenga a la mano las pruebas y así nos protegemos todos. Si lo que han dicho es algo que no consta, mejor será no repetirlo, por el daño que nos causa a todos.

Dediquemos mejor el tiempo para hablar de las cosas buenas, de las virtudes de quienes conocemos y de las buenas experiencias que hemos vivido juntos, para que así, juntos, soñemos con la patria ordenada y generosa a la que aspiramos y estemos dispuestos a trabajar de la mano y a dedicar tiempo y esfuerzo en alcanzarla.


@pabloRregordosa