El Otro Enfoque

home

columna

El Otro Enfoque

Memoria corta y corazón blando

2017-02-13

Pablo Rodríguez Regordosa

Los mexicanos somos un pueblo muy peculiar.

Generoso, alegre,  solidario, luchón, creativo, chambeador, fiestero, bondadoso son adjetivos que perfectamente pueden aplicarse para describirnos.

Difícilmente podríamos decir que estamos cortados con la misma tijera, pues el territorio es muy grande y diverso en su orografía, clima y cultura. Los del norte tienden a ser más altos y robustos, en tanto que los del sur más bajos y rollizos. Los primeros más francos al hablar, los segundos un poco más rebuscados y sentimentales en sus expresiones.

En algunas partes del bajío son más apegados a la religión y tradicionales en sus creencias, en otras partes hay un sincretismo que produce una religiosidad mezclada con creencias ancestrales.

Pero si tuviera que sintetizar las características principales que nos identifican a todos los mexicanos, lo haría afirmando que somos de “memoria corta y corazón blando”.

Hemos sufrido terribles dificultades, algunas derivadas de catástrofes naturales como el sismo del 85 o huracanes devastadores, entre los que destacan “Gilberto” en 1988 y “Wilma” en 2005. Otras asociadas al mal desempeño de las políticas impulsadas por el gobierno, entre las que destacan la Revolución Mexicana, la crisis del 94-95 y la amenaza que enfrentamos por el cambio de presidente del vecino país del Norte y la mala administración del actual presidente de la república.

Pero siempre nos reponemos, haciendo chistes y mofa de la adversidad. Pasa poco tiempo y olvidamos los problemas, guardando siempre la esperanza de un mejor porvenir. Quizá por eso nos han dicho que somos la “nación del futuro”, en franca alusión a que no hemos podido disfrutar el presente.

Lo anterior viene a cuento porque han pasado menos de 60 días del inicio de año con el “gasolinazo” y el problema ya no es tema.

Pareciera incluso que el juego del actual gobierno es a aplicar las más severas medidas económicas en este inicio de 2017 para que los problemas hayan quedado en el olvido en la víspera del 2018, año en que serán las elecciones para elegir a quién deberá tomar la estafeta del país para los siguientes 6 años.

Del mismo modo, me sorprende que hoy nadie recuerda el “al diablo con las instituciones” de AMLO en 2006, ni al “señor de las ligas” de 2004, ni al “secretario de finanzas en las Vegas” de ese mismo año, personajes estrechamente ligados al hoy dirigente de Morena y seguramente candidato de ese mismo partido para las elecciones que vienen. Estoy cierto que la mala memoria de los mexicanos ha sido usada hábilmente por el tabasqueño para construir una imagen de “honesto”, que poco tiene que ver con la realidad.

El mismo juego practica el actual presidente Peña, que con su “ustedes qué hubieran hecho”, pretende desviar la atención de los mexicanos del problema real, que es su mala administración, y erigirse a sí mismo como un “estadista” que estuvo a la altura de los retos enfrentados.

Claro, la mala memoria de los mexicanos nos ha llevado a olvidar que el precio del petróleo era más del doble de lo que es hoy y la paridad con el dólar casi la mitad apenas 10 años atrás.

Es así que nuestra mala memoria se combina fatalmente con nuestro buen corazón, que perdona y permite dar una segunda oportunidad a quién ha probado, en los hechos, su incapacidad, incompetencia o anarquía.

Don Manuel Díaz Cid, politólogo poblano, sostiene que el problema mexicano tiene dos soluciones, la ordinaria y la milagrosa; la primera consistente en que la Virgen de Guadalupe vuelva a aparecer y arregle todos los problemas, la segunda es que nos pongamos a trabajar. Yo creo que mientras mantengamos la memoria corta y el corazón blando, ninguna de las dos soluciones terminará siendo viable en el largo plazo.