El Otro Enfoque

home

columna

El Otro Enfoque

Vuelve la burra al trigo

2017-08-09

Pablo Rodríguez Regordosa

Hace unos días la Suprema Corte de Justicia de la Nación se pronunció acerca de la inconstitucionalidad del Código Civil del Estado de Puebla en lo relativo al matrimonio.

 

Es interesante lo que ocurrió, pues el detonante del pronunciamiento fue la reforma que el Congreso del Estado realizó el día 28 de marzo de 2016 al artículo 300 del mencionado Código, a través de la cual estableció que la edad mínima para que una persona pueda contraer matrimonio sin necesidad de autorización de sus padres o tutores son los 18 años (anteriormente el mismo artículo fijaba en 16 la edad mínima para contraerlo).

 

Resulta que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos tomó esa reforma y litigó la inconstitucionalidad, no de la edad de los contrayentes, sino que el mismo código establece que “el matrimonio es un contrato civil, por el cual un sólo hombre y una sola mujer, se unen en sociedad para perpetuar la especie y ayudarse en la lucha por la existencia“.

 

El pronunciamiento de la corte no se refiere a la modificación del Código Civil en cuanto a la edad de los contrayentes, sino en cuanto a la definición del matrimonio, diciendo que es “discriminatorio” que el “matrimonio” sólo puede celebrarse entre “un hombre y una mujer…”.

 

La corte no nos sorprende, pues ya habían emitido jurisprudencia en el sentido de que si dos personas del mismo sexo se quisieran unir civilmente a través de un contrato, el Estado está obligado a reconocerlo, pero parece que esto es solamente la parte superficial del tema.

 

¿Qué hay detrás? Que la burra vuelve al trigo.

 

En mi opinión, hay consenso en el sentido de que el Estado debe salvaguardar los derechos de los individuos. También en que el varón y la mujer son iguales ante la Ley (art. 4 de la Constitución), igualmente que si dos personas se deciden obligar mutuamente a través de un contrato civil, lo puedan hacer, independientemente del sexo de cada uno de ellos.

 

La parte en la que el debate no está cerrado es en que podamos, o no, mantener la palabra “matrimonio” para el contrato civil que celebran un hombre con una mujer y que acuñemos un nuevo término para el contrato entre personas del mismo sexo.

 

Por razones biológicas, claramente son diferentes los alcances de un contrato civil entre un hombre y una mujer y el que celebrasen dos personas del mismo sexo. El primero podría tener como una natural consecuencia la procreación, en tanto que el segundo no la puede tener.

 

Si a priori sabemos que los alcances de los contratos no pueden ser iguales, ¿por qué la insistencia de que se llamen igual? No lo sé.

 

Llama la atención que la comunidad LGBTTI (Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero e Intersexual) pide que la sociedad distinga con palabras específicas cuando se trata de sus preferencias sexuales, pero pide también que no distinga cuando se trata del contrato civil entre personas del mismo sexo o entre personas de su comunidad.

 

Para sí mismos piden distinguir entre “lesbianismo” cuando se trata de mujeres que sostienen relaciones entre sí, “gay” cuando se trata de varones que sostienen relaciones entre sí, “bisexual” cuando se trata de personas que indistintamente pueden relacionarse con personas de su mismo sexo o de otro, “transexual” cuando se trata de personas que voluntariamente han decidido cambiar de sexo y “transgénero” o “intersexual” que no entiendo qué significa.

 

Es decir, piden palabras para definir cada tipo de preferencia sexual dependiendo del sexo de nacimiento de la persona en términos de los pares cromosómicos y los genitales y lo que en sus prácticas sexuales han decidido, pero piden que se use una sola palabra para describir al contrato civil entre dos personas.

 

¿Será una agenda propia o una agenda impuesta por otros? Tampoco lo sé, pero me parece que buscan forzar a la sociedad en su conjunto a que piense como ellos y legisle para ellos.

 

Se trata de un caso más de la intolerancia de los tolerantes, vamos a ver cómo termina todo esto.